Nos guste o no Estados Unidos es, actualmente, el proveedor de la corriente ideológica general que se consume en el resto de países del occidente cultural. En este sentido, recientemente se han producido unos hechos que han sacudido esta parte del mundo.
En primer lugar, el 22 de agosto de 2025 ocurrió el asesinato la joven ucraniana Irina Zarutska en la estación East/West Boulevard del tren ligero de Charlotte, Carolina del Norte, EE.UU. Las imágenes, grabadas por las cámaras del propio vagón, son estremecedoras y han dado la vuelta al mundo inundando, principalmente, las redes sociales. En ellas se ve a un hombre negro con una sudadera roja, sentado. Hasta ahí nada extraño, pero pasados unos segundos entra en el vehículo Irina y se sienta un par de filas por delante del siniestro sujeto. Es entonces cuando éste saca un cúter del bolsillo y le propina varias puñaladas en el cuello (cabe mencionar que este sujeto tenía 14 antecedentes en su haber en el momento que cometió este asesinato). Irina no había intercambiado ni una sola palabra o mirada con ese despreciable ser y, aún así, recibió tal macabro desenlace. La expresión de pánico de la pobre chica al comprobar lo que estaba sucediendo atraviesa el alma, pues es el reflejo de una inocente víctima que intenta procesar tal acto de vileza.

Después del ataque el encapuchado abandonó el vagón, dejando un reguero de gotas de sangre. Pero por si eso no fuese suficiente, ninguno de los presentes movió un solo dedo para intentar socorrer a Irina. Sus miradas, despreciables, reaccionaron igual que el que ve una mosca o una cucaracha y ahí dejaron que muriera desangrada al cabo de pocos minutos.
Los hechos no trascendieron inmediatamente, cosa que sucedió la primera semana de septiembre. A partir de ahí la noticia se extendió como la pólvora y causó furor en redes sociales, especialmente en X, donde miles de personas alzaron la voz en contra de este hecho tan tremebundo y que es testimonio del grado de enfermedad que poseen nuestras sociedades, donde ya ni siquiera se socorre a alguien que ha sufrido un ataque como este.
El segundo suceso, ocurrido el 10 de septiembre, fue el asesinato de Charlie Kirk, activista y personalidad de internet, tan o más macabro que el de Irina. En uno de los debates que organizaba Charlie, en los que acudía a campus de distintas universidades estadounidenses a conversar con cualquiera que se acercara, en este caso fue en la Universidad del Valle de Utah, recibió un disparo en el cuello justo en medio del transcurso del acto. De nuevo, las imágenes hielan la sangre. Pero lo más nauseabundo son las respuestas que hubo por parte del sector de la izquierda, donde se alegraban y regocijaban del hecho acontecido. Algunos subieron videos bailando celebrando su muerte, otros escribían publicaciones justificando el asesinato y uno en específico, hijo del mismísimo diablo, creó una maqueta en tres dimensiones de Charlie en el momento que recibió el disparo. Hay que ser hijo de puta.
Los que justifican lo sucedido alegan que Kirk era racista, fascista y homófobo y lo había demostrado en varias ocasiones. Nada más lejos de la realidad. Yo personalmente estaba familiarizado con su contenido y nunca, jamás, fue irrespetuoso o insultó a ninguna de las personas con las que se ofrecía a debatir, y eso que se lo pusieron muy difícil. Su lema era “prove me wrong” (demuéstrame que estoy equivocado), su micrófono estaba abierto y nunca le negó la palabra a nadie, por muy esperpéntico que fuese. Tampoco defendía unas posiciones radicales, simplemente era un conservador a favor de la fe cristiana y de los valores tradicionales y que pretendía compartir esas ideas a través del diálogo. Para más inri, solía acudir a los campus universitarios, donde se supone que reside el pensamiento crítico y el debate intelectual. Díganme ustedes qué más podría haber hecho. Realmente su delito no fue la propagación y defensa de las ideas del odio, como justifican algunos, sino simplemente decir la verdad. En estos tiempos que corren decir la verdad te puede acabar costando la vida. Así de duro, así de sencillo.
Los izquierdistas se autoproclaman adalides de la diversidad y la tolerancia, pero al mismo tiempo justifican las más atroces barbaridades, siempre que sean del bando contrario. Los que son de derechas están en desacuerdo con lo que dicen los de izquierda, pero los de izquierda odian a los de derecha por ese mismo motivo. Y esta es la prueba de que el diálogo no es de su agrado, pues siempre que disientas serás candidato a recibir tanto odio como repercusión tengas.
Ahora, la esposa y las dos hijas de Charlie Kirk (recordemos que tenía solamente 31 años) tendrán que vivir el resto de sus vidas sin él por designio de un trasnochado lobotomizado con las ideas del odio y el wokismo (aunque somos muchos los que dudamos que el tirador fuese el chaval que acabaron deteniendo, pues un tiro de esas características requiere una precisión y adiestramiento que éste no tenía).
Fíjense cómo son las cosas que los proclamados como “antifascistas” son los más fascistas de todos, que son capaces de aprobar el asesinato de una persona que había hecho todo bien y que su único crimen fue disentir. Estamos cansados ya, nuestro deber es poner remedio a esta locura.
Ahora bien, si quieren guerra la tendrán. La memoria de Charlie e Irina no quedará en vano y son muchos los que han despertado después de estos sucesos. Veremos si todos esos hombres soja deconstruidos, sus novias de pelo azul y sobacos peludos y la panda de enfermos del colectivo LGTB están preparados para librar la batalla que ellos mismos han pedido.
Descansen en paz, Charlie Kirk e Irina Zarutska y que Dios los reciba en su reino.

2 respuestas a «El Precio de la Verdad»
Siempre es la misma historia. Se llenan sus grasientas bocas de palabras como tolerancia y respeto y son verdaderos cerdos intolerantes. “Viva la democracia, el respeto y la libertad si te encuadras en nuestro discurso. Si no, facha”. Así funciona este circo. Irina fue una pobre víctima inocente y el delito de Charlie fue invitar al debate respetuoso y defender pacíficamente sus ideas. Pero con el comodín de facha todo esta permitido. Es repugnante como reaccionaron algunos sectores, diabólico. Ya está bien de seguir sumado muertos en silencio cuando un solo rasguño de ellos causa el caos en las calles. Para ellos todo es fascismo y si todo es fascismo nada lo es. ¿Quieren fascismo de verdad? Pues dejen de polarizar la sociedad porque no les va a gustar el bando que tienen en frente. No conocen a su enemigo porque los toman por flojos, carcas y blandos. Subestimarlos será su principal error…
Desde la izquierda puedo decir que me parece una vergüenza la reacción grotesca de tantas personas ante la muerte de alguien que nunca faltó el respeto a nadie y siempre estuvo dispuesto a debatir.