Hasta las puertas más grandes se abren sobre bisagras pequeñas

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Las puertas están hechas para mantener nuestra casa a salvo de los peligros y de los elementos como el frío, la lluvia o el viento. Pero no importa cuán gruesa sea esa puerta o cuántos metros tenga de altura; siempre va a abrirse sobre unas bisagras que son mucho más pequeñas y livianas si se comparan con las dimensiones de la propia puerta. Es por eso que muchas veces, cuando alguna unidad de intervención de la policía o del ejército tiene que abrir una puerta, no van a intentar romperla en pedazos, sino atacar las bisagras o la cerradura, que son partes mucho más pequeñas. Al final, no importa si es de madera de pino o de hierro macizo: si las bisagras se rompen la puerta quedará inevitablemente abierta exponiendo todo lo que contiene esa habitación.

En este sentido, nosotros tenemos muchas de estas “puertas” en nuestra vida. Por ejemplo, la “puerta financiera” se encarga de guardarnos de deudas innecesarias, del hambre y las privaciones o de vivir por encima de las posibilidades que nos da nuestro sueldo. La “puerta de la fe” se encarga de mantenernos protegidos ante amenazas al espíritu, como la duda hacia Dios, la desesperanza o la depresión. La “puerta de las relaciones”, que nos mantiene alejados de la desidia, de las faltas de respeto, de la monotonía o de la indiferencia. Y así sucede con todos los aspectos de nuestra vida. Siempre contamos con una puerta, con una barrera, para separarnos de las cosas negativas y que no queremos que entren en ese ámbito concreto.

Pero un buen día podemos despertarnos por la mañana y descubrir que la puerta se ha caído, llenando la casa de agua, polvo e insectos. Y no será porque esté rota, sino porque las bisagras se han desprendido y, como hemos dicho, sin bisagras no hay puerta que valga. Nos habremos quedado desprotegidos al haber fallado los pequeños elementos que hacían que la puerta pudiera cumplir correctamente con su función. Si un día la “puerta de las relaciones” se cae, no será porque ésta se haya podrido o partido a la mitad, será porque las bisagras no estaban bien mantenidas. La “puerta de las relaciones” tiene unas pocas bisagras, pero si no se mantienen debidamente, engrasándolas cuando chirríen o apretando los tornillos si se aflojan, pueden romperse de un día para otro. En este caso las bisagras son: la comunicación, la confianza y el afecto, por ejemplo. Una relación no se estropea súbitamente y por sorpresa en el día menos esperado, sino que es la acumulación de pequeños errores en el tiempo que no subsanamos y que acaban por destruirla. En la inmensa mayoría de los casos, la “puerta de las finanzas” no se cae por un colapso bancario mundial o por un fallo en el coche que te deja sin poder ir a trabajar. Se cae por demasiados gastos de 5 euros o menos, se cae por demasiadas cuotas de artículos financiados. Son las bisagras de la puerta (ahorro, responsabilidad, el control del derroche, etc.) las que han fallado.

Podemos utilizar otro ejemplo. Si sumamos todas las personas que murieron en Europa durante las dos guerras mundiales, guerras de independencia, guerras civiles, etc., son menos que las que murieron a causa de la Peste Negra. Es decir, la mayor cantidad de muertes no fueron causadas por elementos muy vistosos, como espadas, fusiles, cañones o tanques; fueron causadas por una bacteria, que es un organismo diminuto. De nuevo: son las pequeñas cosas las que acaban teniendo las mayores consecuencias.

Del mismo modo, no son las cosas grandes y ostentosas las que nos fortalecen y nos ayudan a seguir funcionando correctamente, es al contrario, son las pequeñas cosas. Un despertar tranquilo, sin alarmas y sin carreras para comenzar el día vale más que esa prenda de ropa de marca que tenemos en mente comprarnos. Una persona que te escuche cuando estás atravesando un momento difícil vale más que una entrada de primera fila al concierto de tu artista favorito. Tener una familia sana y estable que te quiera y a la que puedas acudir en cualquier momento, especialmente los complicados, vale más que cualquier colgante de oro, por muchos quilates que tenga.

En este sentido, hay mucha gente que compara su vida con la de personas ricas y famosas y dicen suspirando: “Si yo tuviera el piso de dos millones de euros que tiene El Xocas y una novia tan guapa como la suya, sería feliz de verdad”. Completamente falso. Seguirían siendo los mismos miserables que son ahora, pero en una casa gigante. Lo que envidiamos de los ricos no es tanto el hecho de que tengan un Ford Mustang o un chalet en Ibiza, sino la libertad de poder hacer lo que quieran con sus vidas, de disponer de su tiempo y la seguridad de que sus necesidades fundamentales estarán cubiertas pase lo que pase. Ejemplos de personas que pensaban que siendo ricos iban a ser felices y, una vez lo consiguieron, encontraron que no es un asunto tan sencillo, hay muchos.

En las Sagradas Escrituras encontramos infinidad de ejemplos de esta misma enseñanza, que es fundamental dentro de la doctrina cristiana. Por ejemplo, en una carta de San Pablo a los Corintios (1 corintios 1,26-31) se dice: Fijáos en vuestra asamblea, hermanos: no hay muchos sabios, ni muchos poderosos, ni muchos nobles, según los criterios humanos. Pues Dios ha elegido a los ignorantes de este mundo, para humillar a los sabios; a los débiles del mundo, para avergonzar a los fuertes; a los insignificantes y despreciados del mundo, es decir, a los que no valen nada, para reducir a la nada a los que valen; de manera que nadie pueda presumir delante de Dios.

También tenemos el ejemplo de Santiago 2,5: […] si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro y con vestidura espléndida, y también entra un pobre con vestidura vil, y miráis con agrado al que trae la vestidura espléndida y le decís: Siéntate tú aquí en buen lugar; y decís al pobre: Estate tú allí en pie, o siéntate aquí debajo de mi estrado; ¿no hacéis distinciones entre vosotros mismos, y venís a ser jueces de pensamientos malos? Oíd, hermanos míos amados: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, ricos en fe, y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?

Incluso Dios considera las pequeñas cosas como las más importantes. Entre los elegidos por él no estarán los fuertes por el mero hecho de serlo, no importa las riquezas o conocimientos que cada uno tenga. Lo que importa es seguir las enseñanzas de Jesús y reconocer que suyo es el poder y la gloria, no nuestro. Saber que somos insignificantes y humillarnos ante su obra vale más que cualquier tesoro. Lo que mueve nuestra vida son las pequeñas cosas. Hasta las puertas más grandes se abren sobre bisagras pequeñas.

Una respuesta a «Hasta las puertas más grandes se abren sobre bisagras pequeñas»

  1. Avatar de Manuel Castañeyra Medina
    Manuel Castañeyra Medina

    Amén a eso, hermano. Bien dicho 👏