El Concepto de España

Posted by:

|

On:

|

,

Establecer el nacimiento de una nación es materia de discusión permanente entre los historiadores y académicos que, si bien no son capaces de ponerse de acuerdo en cuestiones infinitamente más intrascendentes, mucho menos lo harán con situaciones más complicadas. Es por eso que aquí marcaremos nuestro propio punto de partida y dejaremos los pleitos para que los disfruten los que viven de ello, que de algo tendrán que comer.

Hay naciones que tienen menos historia que otras y proceden de contextos completamente diferentes. Convendremos todos en que no tienen la misma historia Australia y Polonia, por ejemplo. Uno lleva escasamente 50 años siendo un país independiente y el otro es una entidad muchísimo más antigua cuyos orígenes se remontan varios cientos de años en el pasado y que, gracias a ello, se han conformado como una unidad histórica independiente. El segundo caso es el que encaja con España.

Así, muchos son los que establecen en 1469 el nacimiento de España por la unión matrimonial de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón. Fue a partir de entonces cuando cabría plantearse la existencia de una entidad mayor que no fueran las coronas de Castilla y Aragón por separado, respectivamente. Sin embargo, este planteamiento me parece artificial, pues trata de encajar algo tan complicado como el origen de una de las naciones más importantes de la historia de la humanidad en una fecha concreta, cuando la realidad no funciona así. La identidad común de los pueblos no es algo que surja de un día para otro. Puede ser que haya casos en los que sí cabe aplicar este método de elegir un año concreto y ubicarlo como punto de partida, podríamos poner ejemplos como Estados Unidos (con la aceptación de su  independencia en 1783 tras una guerra de 7 años) o Argentina (declarada su independencia en 1816 tras un año de revueltas). Sin embargo, para España no se puede aplicar esa misma lógica. Los ejemplos brindados, de los muchos que hay, tienen en común que surgen de España, es decir, que tanto EEUU como Argentina (y México, Colombia, Holanda, Bélgica, Marruecos, etc) se forman contra España y tienen el origen de su existencia en diversas situaciones que involucran a España. En palabras del escritor Arturo Pérez-Reverte: “España fue el factor histórico más decisivo de la historia de la humanidad, posiblemente, después del Imperio Romano”.

Entonces, creo más conveniente establecer un intervalo de tiempo en el cual comenzó a fraguarse España como la unidad histórica, cultural y social que todos reconocemos como tal. En el periodo comprendido entre la batalla de Covadonga, en el año 722, y la creación del Reino de León, en el 910, consideramos que tuvo el origen de España. En esos 188 años se consolidó la voluntad restauradora de un pequeño grupo de cristianos relegados a las montañas del cantábrico, que pasaron de ser unas pocas decenas a constituir el Reino de Asturias, con Don Pelayo a la cabeza y pasar a ser ellos los que se extendieron por el territorio Ibérico. Además, el Reino de León ya es una de las entidades políticas que va a conservarse, de una manera u otra, hasta la actualidad (primero siendo reino independiente, luego formando parte de la Corona de Castilla y, finalmente, como entidad sub-nacional), por lo que ésta tesis adquiere más fundamento y coherencia. Es decir, no se está ubicando el origen de España en el Reino Visigodo, por ejemplo, que, si bien tiene influencia en nuestra historia, es un elemento muy distante en el tiempo y que no ha conservado una continuidad hasta épocas más recientes, en las que ya se habla indiscutiblemente de España.

Es importante dejar claro que el ADN de España es la lucha por la reconquista de los territorios invadidos por los musulmanes. Ya habló de esto el historiador José María Rosa en su libro “Historia Argentina”: La larga guerra de la Reconquista forma el alma española, especialmente el espíritu de los castellanos en quienes recae su peso principal. Por eso,  sus virtudes fueron guerreras: coraje, fe, hidalguía, generosidad. La Reconquista es un hito de dimensiones mayúsculas y que no tiene parangón en ningún otro país occidental. Durante más de 800 años, decenas de generaciones de españoles compartieron un objetivo: recuperar lo que era suyo, expulsando al invasor con los medios que hiciesen falta. Es en esa forja donde se ha fraguado el carácter y la idiosincrasia del español. Y un acero moldeado tras 800 años de batallas no podía hacer otra cosa que volver a superarse, esta vez alcanzando cotas universales, con el descubrimiento y evangelización de América. Durante más de 300 años, los españoles recorrieron todas las rutas posibles, tanto por tierra como por mar, fundando asentamientos que se transformarían, muchos de ellos, en ciudades con todas las letras. 

La conquista de América fue la mayor obra civilizatoria de la historia de la humanidad, y para comprender una afirmación tan controvertida como ésta les invito a que lean el libro del historiador argentino Marcelo Gullo “Nada por lo que Pedir Perdón”. Pero de una manera muy resumida podemos decir que los españoles consiguieron varios logros con la conquista. Primero, acabar con los imperios genocidas y antropófagos, como los aztecas (mayoritariamente) o los incas (en menor medida), así como otros pueblos menos poderosos pero igualmente brutales, como los caribes, los pijaos o los chiriguanos. Segundo, llevar e implantar el modelo de civilización occidental, basada en el derecho romano y la filosofía griega, que permite alcanzar niveles superiores de desarrollo. Además, se alfabetizó a la población y se les entregó el idioma castellano, en el que todos sus descendientes se siguen expresando todavía. Tercero, para ello se construyeron ciudades, en las cuales había hospitales, catedrales y universidades que, en la mayoría de los casos, siguen en pie a día de hoy.

Es por todo esto que la mejor definición de España que se ha hecho es, a mi juicio, la que articuló José Antonio Primo de Rivera: España es una unidad de destino en lo universal. Vamos a desmenuzar todo el significado que tiene condensado, pues realmente se está diciendo mucho más de lo que puede parecer a priori.

Unidad: España es una nación indivisible, coherente en su conjunto por sí misma. Es decir, no es simplemente una “suma de regiones independientes” que convergen de modo circunstancial para formar algo mayor (como lo que podría ser la Unión Europea en la actualidad). Se trata de una realidad que tiene una continuidad cultural en todas sus regiones, si bien cada una conserva sus particularidades. Las regiones aportan diversidad y riqueza, pero eso no significa que se trate de nacionalidades separadas absorbidas por España.

Destino: España posee una misión histórica propia, una responsabilidad colectiva que es común a todos los españoles. En otras palabras, España tiene algo que hacer en la historia y la palabra “destino” conecta pasado, presente y futuro en una especie de “cadena histórica” que trasciende a los que vivimos en la actualidad. Esto implica que el individuo no es el centro de la historia, sino que forma parte de algo mayor que le trasciende, de un legado que nos viene desde tiempos de Don Pelayo. Es precisamente ese legado el que históricamente nos une por igual a todos los españoles con mucha mayor fuerza de lo que las particularidades regionales nos diferencian. 

Universal: España no se agota en sí misma; no se termina con sus fronteras en sentido territorial, sino que  tiene una proyección natural hacia el resto del mundo. Esta universalidad tiene su raíz en la historia misma de España (y es aquí donde recogemos el hilo de lo que hemos hablado sobre la labor humanística del Imperio Español). España tiene una comunidad de pueblos ligados por lazos culturales, lingüísticos, religiosos e históricos para los cuales tiene el papel de proveedor espiritual como núcleo originario de la misma. Esto es a lo que muchos se refieren con “hispanidad”. No todo en el mundo se reduce a lo estrictamente material, sino que existe una parte trascendente que no es física. Es ahí donde convenimos en que España, como nación puramente católica, tiene una vocación natural de servir a esos valores universales y que no responden al deseo de riqueza o poder.

José Antonio entendió a España como pocas personas lo han hecho nunca y, quizás por eso, su vida terminó mucho antes de que fuese justo. Hay una anécdota que nos da una imagen clara del amor que tenía José Antonio por España; dice así: Antes de ser arrestado por los milicianos republicanos, Manuel Azaña llamó a José Antonio y le sugirió que abandonase el país, a lo que éste respondió diciendo: “No puedo, mi madre está muy enferma”. Azaña, que sabía que la madre de José Antonio había muerto cuando él era un niño, se quedó extrañado y le volvió a preguntar, a lo que José Antonio dijo: “Mi madre es España”. Al cabo de unas semanas sería vilmente asesinado, defendiendo lo que más quería.

Y es que la patria, el país donde hemos nacido y nos hemos criado, tiene una influencia capital en nuestra forma de ser, nuestro comportamiento y, en definitiva, en quiénes somos como personas. Esto es un concepto que le cuesta mucho aceptar a la gente que rechaza visceralmente a España y todo lo que tenga que ver con ella, postura que jamás estará fundamentada en hechos objetivos, sino en una mala educación o un profundo resentimiento.

Si yo no hubiese nacido español, yo no existiría; y no estamos haciendo afirmaciones en vano. Mi identidad y la manera en la que veo el mundo es como es porque soy español, y lo mismo le ocurre a todos mis compatriotas. Nuestro ser se compone de una parte biológica y otra cultural. Es así que mi altura, el color de mi pelo, el tono de mi voz y mi capacidad mental son aspectos biológicos que habrían sido los mismos dondequiera que hubiese nacido. Pero la fase cultural de nuestra persona se desarrolla en concordancia con el ambiente del lugar en el que nos criamos. Nuestra forma de actuar, la manera de relacionarnos con nuestra familia, las fiestas que celebramos, las bromas que hacemos, la forma de hablar e incluso la forma que tenemos de pensar. Todo esto se integra dentro de nuestra personalidad como individuos, de manera que es completamente coherente decir que si no hubiese nacido en España, la persona que soy hoy jamás hubiese existido. Y todo el que hable otro idioma con fluidez sabrá a lo que me refiero, pues habrá notado como su forma de ser cambia un poco cuando nos expresamos en otra lengua porque, por mucho que sepamos hablarla, nuestra mente está configurada con otro código.

Es por todo ello que es fundamental promover el espíritu nacional, el sentimiento de comunidad y pertenencia a algo que nos moldea y nos trasciende, a esa unidad de destino en lo universal. El pueblo que no tenga claro quién es y esté dispuesto a defenderlo hasta las últimas consecuencias está destinado a desaparecer tarde o temprano, la historia está llena de ejemplos. Es como si habláramos de un barco sin ancla. ¿Qué pasaría si un ferry quiere fondear pero no lleva un ancla consigo? La corriente acabaría por llevárselo a cualquier lado, de manera que nunca podría desembarcar en buen puerto. Sin embargo, un buque con ancla será capaz de establecerse en el puerto que desee, porque tiene un elemento radical que lo fija al suelo y lo hace inmune a las corrientes o temporales que puedan azotarlo. El espíritu nacional es el ancla de una nación, sin la cual perderse a la deriva es solo cuestión de tiempo.

Como vemos, hablar de España supone una cosa mucho más profunda y complicada de lo podría parecer a priori, siempre y cuando se haga con buena voluntad. Sabemos que enemigos que pretendan menospreciarla y pisotear su historia jamás faltarán, siendo precisamente ese uno de tantos síntomas de su grandeza.

2 respuestas a «El Concepto de España»

  1. Avatar de dolores Medina
    dolores Medina

    Muy bien Leo,una lección de historia impecable

  2. Avatar de Christian González Mosegue
    Christian González Mosegue

    Excelente Leopoldo, como siempre. Un abrazo, arriba España.